La gran mentira
Del jet set a la cárcel

En sólo diez años, Christophe Rocancourt, se convirtió en el famoso más infame y buscado de Estados Unidos. Logró infiltrarse en los círculos sociales más exclusivos y herméticos de Nueva York, Miami y Hollywood. Y una vez que tuvo las conexiones precisas, estafó y embaucó hasta acumular millones.



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Jugando a ser un productor estrella, brindando con champaña dondequiera que fuera. Todos lo conocían, pero, ¿bajo qué nombre?

Charles Glenn, ex diseñador, primero lo conoció como Christophe Rocancourt, que es su verdadero nombre. Sin embargo, Bettina Schein más tarde lo conocería como Christopher Ortuno. Incluso, cuando se fue a Nueva York usó el nombre Rockefeller.

Estrellas de cine, productores, hombres de negocio, banqueros, inversionistas y mafiosos: todos le creyeron, todos confiaban en él. Nadie pensó que detrás de esa sonrisa angelical había un hombre capaz de extorsionar millones de dólares. "Yo lo conocí como un Conde", cuenta la actriz, Rhonda Rydel.

Sin embargo, las fuerzas policiales de Nueva York y Los Angeles, el FBI y la Interpol lo buscaban simultáneamente por fraudes, estafas y porte de armas de fuego.

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Rocancourt se veía a sí mismo como el último padrino francés. Un Robin Hood urbano, un caballero ladrón. El héroe de una serie de aventuras que comenzó su vida en un orfanato y que logró engañar a lo más granado del país más poderoso del mundo.

Rocancourt debutó a los 24 años en un exclusivo café de Hollywood, cerca de las estrellas y de la fama. Se presentó en 1991 con su verdadero nombre y una primera gran mentira. Dijo que era un famoso campeón de boxeo y se rodeó de amistades que comenzaron a abrirle las puertas.

Cada noche gastaba miles de dólares en mantener contentos a sus invitados y descorchando botellas de champaña. Se hizo acompañar durante meses por Mickey Rourke, el famoso actor de "Nueve Semanas y Media" y por la estupenda Darcy La Pierre, ex esposa de Jean Claude Van Damme.

Otra de sus conquistas fue Rhonda Rydell una modelo y actriz con más de 200 sitios de internet dedicados a ella. Conoció a Rocancourt en una fiesta, donde él se presentó como un conde francés. Por dos años estuvo a su lado y muy pronto aprendió una lección básica: no meterse en los asuntos de negocio del falso conde.

Entre sus amigos favoritos, Mickey Rourke era el más importante y probablemente uno de los más famosos. "A esas alturas, Mickey era un actor desesperado. Tenía dificultades para que lo contrataran en alguna película. Ya no tenía grandes papeles. Estaba desesperado y pensaba que Rocancourt realmente lo iba a ayudar en su carrera" , afirma el reportero gráfico, El Woody.

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Hay que reconocer que Christophe trabajaba duro en su imagen. Su disfraz era perfecto. Manejaba un Hummer negro, el auto más de moda en Hollywood. A todo el mundo le contaba que el auto perteneció a Dodi Al-Fayed, el último amante de Lady Di. A otros les decía que era pariente de Dino De Laurentiis, famoso productor italiano de grandes películas. Para otros, era el nieto de Sofía Loren.

Todas estas contradicciones se olvidaban rápido repartiendo gruesas sumas de dinero donde hiciera falta y manteniendo su corte de amigos famosos.

Usando la imagen de Mickey Rourke, Rocancourt se ganó el respeto y la admiración de sus futuras víctimas. Les ofrecía la oportunidad de invertir, ojalá en efectivo, unos cuantos cientos de miles de dólares en sus futuros proyectos. Todos iban a ser un gran éxito, con Mickey Rourke de protagonista. Con el dinero en el bolsillo, lo gastaba en prolongar la ilusión.

El producto de una triste infancia

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Christophe Thierry Daniel Rocancourt nació el 16 de julio de 1967. Su padre era alcohólico, su madre recurría a la prostitución para ganarse la vida y lo abandonó a los cinco años. A los once quedó al cuidado de los servicios sociales del Estado. Vivió entre los fríos corredores del orfanato de Saint Germain, administrado por una orden religiosa.

Su familia no ha sabido de él en mucho tiempo. Su padre murió en 1992, sin haber vuelto a ver a su hijo. Sus tíos no lo han visto desde que partió a Estados Unidos. "Yo le saco el sombrero. Se lo digo: lo que él ha hecho es genial. Y me siento orgulloso, no importa lo que diga la gente. Estoy orgulloso", cuenta el tío de Christophe, Joel Rocancourt.

Después de sus estafas en Los Angeles, llegó a Nueva York como Christopher Ortuno, hijo de un acaudalado industrial de Milán. Pronto se lo vio en los bares y restaurantes más exclusivos.

En uno de ellos organizó una fiesta de cumpleaños para Johnny Canatiempo, un actor de la famosa serie de televisión Los Sopranos, acerca de la mafia de Nueva York. La cuenta final llegó a 80 mil dólares, pero nunca se dio el tiempo de pagarla. Simplemente volvió a desaparecer.

Christophe se dedicó a pasar los fines de semana en The Hamptons, el refugio campestre de los adinerados de Nueva York. Aquí se presentó como un millonario, descendiente de una de las familias más ricas del país.

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En los libros de visita firmaba como Rockefeller. Pero la dirección y el número de teléfono que entregaba eran falsos. Mientras más grande el engaño, más le creían. ¿Quién podría dudar de un Rockefeller?

Ginés Serran es un pintor de origen español que ha vivido en Estados Unidos por más de 20 años. Mundialmente reconocido, ha vendido sus cuadros a la familia imperial de Japón y al Sultán de Brunei. Christophe lo supo y rápidamente le echó el ojo. "Me dijo que iba a poner mis cuadros junto a otros de Picasso y de Pisarro que tenía en su casa y que iba a invertir casi medio millón de dólares en mis pinturas", afirma.

Pero el pintor tuvo sus dudas. Este Rockefeller le pareció demasiado exagerado para ser un auténtico hombre de mundo. Cuando Christophe le pidió el número de su cuenta bancaria para transferirle el dinero de las pinturas, Ginés se negó y le exigió dinero en efectivo.

El dinero nunca llegó. Pero no todos fueron tan cautelosos como el pintor. En sólo seis meses, el falso Rockefeller se las ingenió para estafar a otros vecinos por más de un millón de dólares. Los convencía de invertir en alguno de sus proyectos y les dejaba a cambio unos cuántos papeles firmados, sin ningún valor legal.

El fin de un embaucador

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Pero a pesar de su genialidad, Christophe cometió un error. Se alojó en uno de los hoteles más exclusivos de The Hamptons y se fue sin pagar. Rockefeller o no, la dueña avisó a la policía y lograron rastrearlo.

El 2 de agosto del año 2000 fue arrestado. Pero dos días después, a pesar de las órdenes de detención en su contra, logró escapar.

Mostrando un pasaporte falso a nombre de Fabian Ortuno, los registros no mostraron ninguna orden de arresto bajo ese nombre. Le fijaron una fianza de 300 mil dólares, el falso Rockefeller pagó en efectivo con el dinero de sus estafas y se esfumó.

La libertad no le duró mucho. El 26 de abril de 2001, los hechos dieron un giro espectacular.

Su historia apareció en todos los diarios. La cacería había terminado. El estafador de Hollywood y Nueva York, el falso Rockefeller, estaba por fin en la cárcel. Después de estar prófugo durante nueve meses, lo habían arrestado en Canadá, en Oak Bay, hogar de familias millonarias.

Se supo que en esos nueve meses había escapado de Estados Unidos para instalarse en Vancouver, una ciudad canadiense en pleno despegue de la industria del cine, el negocio de las propiedades y la nueva economía.

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Se había hecho llamar Michael van Hoeven, un ex corredor de fórmula 1 y adinerado hombre de negocios de origen belga.

Su principal víctima había sido un inventor a quien le propuso invertir tres millones de dólares en su compañía y mientras tanto se dedicó a vivir a sus expensas.

Incluso manifestó interés por comprar una fastuosa villa de cinco millones de dólares. Firmó el pie con un cheque por 100 mil dólares. El cheque, por supuesto, no tenía fondos.

En los restaurantes de la zona aún esperan que Christophe pague cuentas por más de dos millones de pesos, incluyendo valiosas botellas de finas cosechas.

Pero ahora, el hombre que se hizo famoso por su afición a la champaña tendría que acostumbrarse a la comida de la prisión.

La única persona dispuesta a defender a Christophe es su última esposa, Pía Reyes. Una ex conejita Playboy que se casó con él durante su paso por Los Ángeles. Tuvieron un hijo llamado Zeus.

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Su sueño es vivir en la fastuosa villa que Christophe aseguraba estar comprando en Canadá. La visitó todos los días durante un mes junto a su hijo. Era su modo de creer en la vida que Christophe soñó.

Por intermedio de Pía, logramos la única entrevista que Christophe ha dado desde la cárcel.

"Esta no es precisamente la mejor de las situaciones, pero de hecho, estoy libre. No soy una persona en la cárcel. Estoy libre en mi mente. Es como un reflejo que se remonta a mi infancia. Un estado de ánimo que se niega a darse por vencido. Cuando ves a tu madre trabajando como prostituta, cuando ves a tu padre alcoholizado y destruyéndose a sí mismo, realmente no quieres ser eso. Quisiera poder decirte que alguna vez hubo alguien que tuviera una gran influencia en mi vida, pero desgraciadamente nunca tuve esa oportunidad. El único modelo que tuve fue la frialdad. Así es que nunca tuve un modelo. Sólo el frío de aquel orfanato, la falta de amor y de contacto. Pero al mismo tiempo, eso fue lo que me hizo fuerte. ¿Qué puedo hacer para salir de aquí? ¿De esto se trata toda mi vida? ¿Estoy condenado a esto? Creo que tuve motivos para ser así desde muy chico", afirma Rocancourt.

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Inundado de pedidos de entrevistas, Christophe prefiere ahora concentrarse en negociar los derechos de su historia con un famoso estudio de Hollywood. "Ya estamos en un punto en que William Morris será quien me represente. Él es el agente más importante de los Estados Unidos. El que representa a todas las grandes estrellas", comenta.

Y así es como, en la cárcel, este hombre puede soñar con hacerse rico. Por primera vez legalmente. Trabaja rodeado por un equipo de secretarios privados, los mismos guardias de la prisión, que se ocupan de organizar la apretada agenda de su ilustre prisionero.

Actualmente, Rocancourt enfrenta cargos de fraude y acoso sexual en Canadá. En Estados Unidos piden su extradición. Y mientras tanto, negocia su regreso a Hollywood por la puerta ancha. Un estudio ofreció ya cuatro millones de dólares por los derechos fílmicos de su increíble vida real. Se espera que sea un éxito de taquilla. Con una gran estrella en el papel principal.